Presentación en Coloquio Posthumanamente Hablando
MAC Parque Forestal, Santiago, agosto 2025
El trabajo presentado corresponde a una pieza sonora, en la que quise evidenciar cierta práctica de la que no era consciente hasta hace algún tiempo, que es buscar y registrar escenarios naturales dentro de la ciudad. En base a eso, ideé hacer un recorrido junto al río Mapocho, en Santiago de Chile, grabando la sonoridad de su entorno. La caminata duró 7 horas y se extendió por 12 kilómetros, cruzó 4 comunas de la capital, desde Vitacura hasta Quinta Normal, así como varios parques aledaños a la costanera. Mi plan fue comenzar en la mañana y seguir la dirección del agua, o sea de oriente a poniente, para terminar el recorrido a la hora del atardecer. La pieza recopila el material registrado y da cuenta del paisaje en torno al río, tanto el sonido del agua, como el de las calles, las voces, los motores, las bocinas, y el acontecer propio de la ciudad.

Sobre mi producción artística, puedo mencionar que ha indagado el paisaje como vínculo con el territorio, siendo recurrente la recolección de material visual y sonoro, que luego utilizo en un ejercicio de composición, o asimilación, para crear piezas mayormente audiovisuales, que dan cuenta de la superposición de temporalidades, tras distintos procesos, dinámicas y vivencias.
La temática del coloquio me llevó a pensar en cómo opera la transformación tecnológica en esta deriva. La obra evidencia la abundante información digital que generamos, como usuarios de aparatos de registro y dispositivos móviles, así como relatos elaborados a partir de ese archivo, que exponen formas particulares de observar y representar la realidad, narrativas simultáneas y múltiples lecturas, resultado de ficciones individuales como colectivas.
Pienso además en el ejercicio de cartografiar, en este caso, una experiencia sensible; el río, el agua, las aguas, se asumen aquí como recurso esencial e infraestructura de la capital, base que sostiene y direcciona dinámicas sociales. Registrar, medir y cuantificar, sirven como método en la demarcación de un territorio, y por otro lado, dan cuenta de una circunstancia personal y subjetiva, siempre relativa a nociones comunes que condicionan cada suceso.
Me detengo también en las particularidades del sonido, en la propia materialidad del fenómeno auditivo, en el acto de visibilizar aquello que no es evidente, como la vibración percibida por los cuerpos y la acción de hacer ese hecho consciente, mediante el ejercicio artístico. Pensar la auralidad como voluntad de atender, activar la escucha como práctica contemplativa, y la vivencia del transitar en la generación de un paisaje, en este caso mental. El trayecto y la circulación permiten incorporar, establecer una relación afectiva con los lugares, entender la experiencia física como herramienta en la articulación de pensamiento, en la creación de nuevas categorías de sentido.

Por último, me cuestiono la diferencia entre lo humano y lo no humano. Y me anticipo respondiendo que es esta posibilidad de reflexionar cómo habitamos y configuramos el espacio, esta oportunidad de observar el presente e imaginar otros modos de existencia. La opción, finalmente, de establecer conexiones improbables, determinadas por una dimensión sensible o afectiva, material y corporal de la vida.
Andrea González
Artista
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