Texto relativo a exposición en Galería Magnética
Taller Cajón, Santiago, julio 2026
Este trabajo surge hace tiempo; 8 años, 10, quizás. Comencé recortando hojas de diario, suplementos de viajes y fotografías de revista. Sin pensarlo mucho, empecé a cubrir planos con pintura sintética, desprovista de motivo o búsqueda particular. Era una dinámica que llenaba cierto tiempo en el taller, que me mantenía concentrada, que me estabilizaba tal vez, a través de la constancia de un gesto, de la reiteración de una tarea sin ambición.
De a poco fui distinguiendo patrones, justamente porque las imágenes que decidía cortar daban cuenta de un criterio: paisajes, eventos ambientales, escenarios abiertos y desolados. Los colores que utilizaba fueron blanco, negro y rojo, directo desde la lata de pintura, dispersando el olor a diluyente sobre las superficies. Pronto empecé a recortar texto, palabras que llamaban mi atención, frases que me sobrecogían o movilizaban. Armaba así desde el fragmento, una narración inconclusa, con oraciones que evocaban cierta sensación, cierto enigma.
Lentamente fui siendo más consciente, de cómo estas pequeñas intervenciones eran una especie de respuesta, al mensaje en la revista y a ese paisaje idealizado, que viene a señalarnos un recorrido turístico o un destino ideal. Al borrar, al fragmentar, al usar materiales descartables, estaba quitando el carácter hospitalario o paradisíaco, a la representación de aquel paraje de ensueño. El paisaje comenzó a develarse más recóndito, más árido y por momentos hostil; empecé entonces a imaginar un nuevo lugar, un espacio desconocido, un mundo que posiblemente sea consecuencia, del accionar humano sobre cada territorio.

En todo este proceso, de distancias y aproximaciones a la imagen, me di cuenta de la relevancia de la práctica artística como ejercicio constante, de cómo las herramientas van activando el quehacer y el pensamiento, de cómo voy generando sentido a través de la observación y el contacto físico con los materiales. En esta práctica descubrimos, dirigimos la mirada, nos enfrentamos a vicisitudes, construimos un nuevo relato. Nos preguntamos cómo será el mundo cuando ya no exista como lo conocemos ahora; esbozamos una respuesta, dudamos, tememos, pero sobre todo, habilitamos la posibilidad de imaginar.
Andrea González
Artista
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